Guía
Cuándo esto ya no es cosa de una tienda
Somos una tienda escribiendo el artículo que le dice a una parte de sus lectores que no compre nada. Lo hacemos porque hay situaciones que un producto no toca, y porque el motivo por el que la gente no va a un profesional casi nunca es la falta de ganas: es que no sabe lo que cuesta y se imagina algo inabordable.
Señales de que esto no se arregla comprando
No son sensaciones vagas. Son cosas que se pueden reconocer.
- Hay dolor. Dolor durante o después, en cualquier persona y en cualquier práctica. El dolor no se entrena ni se aguanta, y no es una cuestión de encontrar el producto adecuado. Es lo primero de esta lista a propósito.
- Ha habido un cambio brusco sin causa identificable. Algo que funcionaba y dejó de funcionar en semanas, sin un acontecimiento que lo explique. Eso pide primero descartar causas físicas o farmacológicas, y muchas veces la respuesta está ahí.
- El tema ya no se puede tocar. Cuando cualquier conversación sobre sexo empieza directamente en tensión, el problema ya no es el sexo, es que el tema quedó asociado a conflicto.
- Se ha ido el contacto físico entero. No solo el sexo: también los abrazos, el roce y el contacto que no lleva a ninguna parte. Es el indicador más fiable de todos y el que más gente pasa por alto.
- Hay resentimiento acumulado. Si al hablarlo sale una lista, la conversación no era sobre esta semana.
- Alguien está aguantando. Si uno de los dos accede a cosas que no quiere para evitar un problema, eso no se corrige con mejor comunicación. Necesita a alguien de fuera.
- Hay ansiedad anticipatoria. Cuando la preocupación por cómo va a ir es lo que hace que vaya mal, el círculo se cierra solo y casi nunca se abre sin ayuda.
- Hay una experiencia de fondo que nunca se ha tratado. Aquí no hay matices: eso es trabajo profesional desde el primer día.
Y una que es del médico antes que del terapeuta: sangrado, bultos, lesiones, o cualquier cambio físico que no estaba antes. Eso no es una consulta de sexología, es el médico de familia.
Lo que cuesta de verdad
Este es el dato que frena a la gente, así que va con números y sin adornos. En España, en 2025 y 2026, una sesión de terapia sexual o de pareja se mueve entre 60 y 100 euros, con un rango amplio que va de unos 50 en ciudades pequeñas hasta 140 en consultas de renombre en Madrid o Barcelona. La modalidad de pareja suele estar entre diez y veinte euros por encima de la individual.
Las sesiones duran una hora y suelen ser quincenales, no semanales. Un proceso enfocado en un problema concreto se mueve habitualmente entre seis y doce sesiones. Con lo cual el orden de magnitud real es entre 400 y 1.200 euros repartidos a lo largo de tres a seis meses, no una cifra mensual imposible.
Hay tres formas de bajarlo que mucha gente no conoce:
- Bonos. Es habitual que haya packs de cinco sesiones con descuento, del orden de 360 euros por cinco.
- Online. Suele estar por debajo del presencial y para terapia sexual funciona bien, con la ventaja añadida de que resuelve el problema de las parejas que no viven en la misma ciudad.
- La vía pública y la universitaria. Varias comunidades tienen centros de salud sexual y reproductiva en la red pública, con acceso por derivación desde el médico de familia. Y las universidades con posgrado en sexología suelen tener clínica propia con tarifas muy reducidas. La lista de espera es la contrapartida.
Qué pasa en la primera sesión
Lo pregunta mucha gente y casi nadie lo cuenta, así que: no hay exploración física, no hay que desnudarse y no hay ejercicios delante de nadie. Una primera sesión es una conversación. Se pregunta qué pasa, desde cuándo, qué habéis probado y qué esperáis. Si sois pareja, es normal que haya una parte conjunta y una parte por separado, y también es normal que en esa parte por separado cada uno diga cosas que no ha dicho delante del otro.
Lo que se hace entre sesiones sí son tareas, y se hacen en casa y en privado.
Cómo distinguir a uno serio
La palabra sexólogo no está protegida en España, así que cualquiera puede usarla. Se comprueba en cinco minutos:
- Formación de base y número de colegiado. Psicología o medicina, con posgrado específico en sexología, y el número visible. Si no está en la web, se pregunta.
- Asociaciones profesionales. La pertenencia a sociedades del ámbito (FESS, AEPS y las autonómicas) no garantiza el resultado, pero sí que hay un marco deontológico y alguien ante quien reclamar.
- Precio y duración por escrito antes de empezar. Un profesional serio te dice lo que cuesta y cuántas sesiones estima, y revisa esa estimación en voz alta.
Y las señales de alarma, que son más útiles:
- Promete curar, o promete un plazo cerrado.
- Te vende un producto, un suplemento o un aparato en la consulta.
- Tiene una opinión sobre la forma de vuestra relación, sobre vuestra orientación o sobre con cuánta gente estáis, y os la hace saber.
- Exige el pago de un programa largo por adelantado.
- Te dice quién de los dos tiene el problema en la primera sesión.
Ese último punto es el que mejor separa. Una terapia de pareja que empieza repartiendo culpas ha empezado mal.
Si el otro no quiere ir
Pasa constantemente y no es un callejón sin salida. Ir uno solo funciona: cambia lo que una de las dos partes hace, y eso cambia el sistema entero, aunque sea más despacio. Ir solo también sirve para saber si lo que os pasa es de pareja o es de otra cosa.
Lo que no funciona es llevar al otro para que se lo arreglen. Esa consulta se nota desde el minuto uno y no llega a ninguna parte.
Nuestra parte
Lo que se vende en esta tienda es para cuando lo que hay funciona y os apetece añadir algo. No es un tratamiento, no lo llamamos así y por ley tampoco podríamos. Ninguno de estos productos previene, cura ni alivia nada, y cualquier tienda que os insinúe lo contrario está incumpliendo el Real Decreto 1907/1996.
Si estáis en alguna de las situaciones de la lista de arriba, la compra puede esperar. Lo otro, cuanto antes se coge, menos sesiones necesita.
Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.